Ya no estoy bajo un tibio sol de otoño que cubre mi trigueña piel, donde sus rayos opacan cualquier imperfección que refleje vivencias.
Me encuentro ahora en una selva, donde los árboles descubiertos dejan traspasar las lágrimas de las nubes que azotan mi cabeza. Donde los sentidos se agudizan.
Todo empezó un mes de junio, recorriendo santiago.

Solo quería compartir con ustedes esta vivencia.